Plaza Nueva: Cuatro cuevas y un poeta

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Plaza Nueva de Bilbao // Alma Botxera
La Plaza Nueva es uno de los sitios más especiales del Botxo. Pero, ¿sabías por qué se llama «Nueva»? ¿O que una vez la inundaron y trajeron góndolas para que pareciera Venecia? ¿Y que no siempre tuvo 5 accesos?

En Bilbao había una plaza que era el centro neurálgico de todo lo que pasaba en la villa. Estaba entre la ría y las Siete Calles, cerca del mercado. Era el lugar más frecuentado pero aún así no tenía nombre. Pasaron los siglos y aunque oficialmente la llamaron Plaza Mayor y después Plaza del Mercado, estas denominaciones no cuajaron entre los ciudadanos. Y entonces, en 1830, comenzaron las obras de otra plaza dentro del Casco Viejo. A esta trataron de ponerle el nombre de Fernando VII, pero los bilbaínos somos mucho más pragmáticos. La plaza nueva la llamamos Plaza Nueva, y la vieja, pues Plaza Vieja.

En 1871, el rey Amadeo de Saboya se pasó por aquí. La monarquía debía de estar un poco mosqueada con nosotros. Les habíamos prometido que la Plaza Nueva iba a llevar el nombre del Rey y que íbamos a poner una estatua suya en el centro. Pero ni una cosa ni la otra. Fernando VII murió antes de que acabáramos las obras y supongo que nos hicimos los locos. Entonces, para que en esta nueva visita real no hubiera viejos rencores, se nos ocurrió una bilbainada. Amadeo era italiano. Se pensó que tapar los pórticos y llenar la plaza de agua sería una buena manera de recibirlo. Trajimos hasta góndolas. Y claro, el Rey debió flipar con la Venecia falsa que le habíamos montado y me imagino que se le olvidaría sacar el tema del nombre de la plaza.

La Plaza Nueva, sin góndolas // Alma Botxera

Después llegó la Dictadura y pasó a ser la Plaza de los Mártires. Otro nombre oficial que nunca usamos. Si no nos impuso un nombre un rey italiano, cómo lo iba a conseguir un gallego con mala leche.

Lo de los accesos también es curioso. Tiene cinco. Dos en la calle Fueros, dos desde Sombrerería y una en Correo. Aunque originalmente la última no existía. La plaza tenía dos lados ciegos. Hasta que en 1937, durante la Guerra Civil, una bomba destrozó parte de los edificios que la separan de la calle Correo. Así que se aprovechó aquel agujero para construir una nueva entrada. Se le puso de nombre Comandante Velarde, pero otra vez no hicimos ni caso. Popularmente la llamábamos «La casa de la bomba». Años más tarde, en 1983, pasó a llamarse Mitxel Labegerie, en honor al músico y poeta labortano.

La Plaza Nueva en «No me seas sinsorgo» // Alma Botxera

Dentro de la plaza nos llama la atención el tamaño de las ventanas. Grandes las del primer piso y más pequeñas cuanto más altura. Esto se debe a que abajo vivían los pudientes y arriba los sirvientes. Cuanto más grande era la ventana, más caro era el piso.

Con el tiempo la plaza ha dejado de ser nueva, pero siguen ocurriendo anécdotas cada día. Alguien me contó que durante la gala de los MTV del 2018, el representante de la cantante Dua Lipa fue al Restaurante Víctor y ocurrió una conversación más o menos así.

– Hola, soy el representante de Dua Lipa. Quiero que cierres el restaurante para nosotros solos. Te pagamos 20.000 euros.

– Si esa muchacha quiere cenar aquí, que llame y reserve. Como todo el mundo.

Plaza Nueva de Bilbao // Alma Botxera

Nos acercamos al restaurante a comprobar si es cierto. No saben nada del tema, así que pensamos que quizá fuera en el Víctor Montes. Que se llama parecido. Allí vamos.

– Eso, ni idea. Pero si quieres te enseño la firma de Frank Gehry. La tengo aquí. Que lo del Guggenheim lo firmaron en nuestro txoko de Prim.

Salimos de allí sin poder comprobar si la historia es cierta y, si lo es, en qué bar ocurrió. Pero con la convicción de que cada lugar de nuestra ciudad tiene su propia historia que contar. Nosotros nos vamos. Volveremos el domingo a la plaza a fisgar los puestos de segunda mano, comprar libros y cambiar cromos.

Extracto de «No me seas sinsorgo», editado por El Gallo de Oro y disponible aquí.


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