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El agua de Bilbao

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Plaza de la Catedral
Vamos a darnos un paseo por el Botxo para descubrir las curiosas historias que ocultan nuestras fuentes más famosas en la «sección sinsorga» de Eneko Liceranzu y Jasone Merino

Presumimos de agua del grifo. Como la de Bilbao no hay ninguna. Aunque curiosamente la mayoría de la que consumimos viene del sistema de embalses que pertenecen al Zadorra, en Araba. Aún así, nuestras plazas, calles y parques lucen con orgullo sus fuentes, casi 500, que decoran y alivian la sed de los vecinos desde hace siglos.

Para hablar de las fuentes vamos a empezar mencionando a Luis Paret. Un pintor y arquitecto madrileño al que le debemos dos fuentes. Ambas son de finales del siglo XVIII. Una en la de la Plaza de Santos Juanes, incrustada en la fachada del antiguo Hospital de Atxuri. Y otra en la de la Plaza de la Catedral (foto principal). Las dos tan bonitas como incómodas. Imposible beber de ellas. Hay que hacer un curso de escalada para llegar hasta los grifos. Todo un reto para cualquier paseante sediento.

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Por otra parte, en la Plaza Unamuno, en 1984, se colocó una con inscripciones de los cuatro elementos. Ura, sua, lurra, haizea. Cuentan que hace unos años, durante el día mundial del vino, la fuente emanó kalimotxo gratis. Que viene a ser como el quinto elemento vasco. Agua, fuego, tierra, aire y kalimotxo.

Fuente de la Plaza Unamuno // Alma Botxera

La Fuente del Perro es la más polémica de todas. ¿Son perros o leones? Los guías suelen repetir la cantinela de que en Bilbao no habíamos visto nunca leones y por eso pensábamos que eran perros. Pero esta explicación no tiene sentido. No, no hemos visto pasar leones corriendo por el Pagasarri, pero los hemos tenido durante siglos en los escudos de Bizkaia y acompañando a San Mamés. Ya sabíamos cómo eran. Y, en segundo lugar, porque es la fuente «del perro» y no «de los perros». Y aunque no hubiéramos visto nunca uno de esos animales, sabíamos contar. Hay tres cabezas de león.

La explicación real parece que viene de un señor que vivía en esa calle y que puso en la puerta de su casa la escultura de un león de piedra. Un fanfarrón. Pobre, le salió mal. Empezaron a llamar perro al león para burlarse de él. Y de ahí tomó el nombre la calle y después la fuente.

La fuente del Perro, en el Casco y en «No me seas sinsorgo» // Alma Botxera

Junto al Bellas Artes, en la placita que desaparecerá con la ampliación del museo, se encuentra Euterpe, La Musa de la música. Es una fuente en honor al compositor Juan Crisóstomo de Arriaga. El Mozart txirene. La inauguraron en 1933. La Musa aprieta una lira contra su pecho mientras grita de dolor por la prematura muerte del compositor. Aunque hoy en día me imagino que lo hace clamando libertad tras haber estado 27 años condenada en un sótano por su cuerpo desnudo.

Fuente del Museo de Bellas Artes // Alma Botxera

Parece ser que a los censores de la dictadura no les parecía bien que una mujer sin ropa pudiera estar a la vista de todos los ciudadanos. La sustituyeron por otra similar, pero con un vestido hasta los tobillos. En 1975 la cordura volvió. La Musa original regresó al sitio del cual nunca debió salir, y desterramos a la nueva y pudorosa estatua al paseo de Uribitarte. Ahora 14 chorros de agua la rodean y mojan su vestido. Pero ni por esas se lo quita…

Portada de "No me seas sinsorgo" // El Gallo de Oro

Extracto de «No me seas sinsorgo», editado por El Gallo de Oro y disponible aquí.

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