Con la flamante remodelación del Museo de Bellas Artes de Bilbao, la escultura de la musa de la música, el homenaje a Juan Crisóstomo Arriaga firmado por Francisco Durrio, ha pasado de estar en la calle… a encerrada dentro del edificio. Pero no es la primera vez
«¡Euterpe! ¡Tápate, que me mareo!» Pocas esculturas en Bilbao cargan con un historial tan surrealista de puritanismo como «Euterpe», de Francisco Durrio. Fue diseñada a principios del siglo XX para homenajear al compositor Juan Crisóstomo Arriaga, nuestro Mozart bilbaíno. Un niño prodigio que ya componía complejas obras maestras en su adolescencia, pero que una repentina enfermedad apagó su vida a los 19 años.
¿Y qué pasó con la estatua? Que se cometió el «delito» de esculpir a la musa de la música desnuda. Y, claro, la posguerra consideró que aquel cuerpo de bronce al aire libre en el parque de Doña Casilda avivaba las bajas pasiones. Por ello, se decidió desterrar a la pobre musa a un oscuro almacén. Así no corrompería a nadie.
Pero el esperpento continuó. Para tapar el hueco, el Ayuntamiento de Bilbao encargó una réplica «decente» y bien vestida. Una Euterpe con un vestido acorde a la buena moral. Y ahí estuvo, sustituyendo a la original durante tres décadas, para que nadie se escandalizase. Hasta que un día decidieron liberar la estatua original. Colocaron la recatada en Uribitarte y la desvergonzada en la calle de nuevo. O eso creíamos.
Hoy en día la ironía continúa. ¡Euterpe ha vuelto a ser censurada! Con la flamante remodelación del Museo de Bellas Artes a cargo de Norman Foster y Luis María Uriarte, a los genios de turno se les ha ocurrido integrar la escultura dentro del edificio, «privatizando» así (aunque el Museo es de propiedad municipal, ojo) una plaza y una escultura públicas. Esta vez no han hecho falta ni almacenes oscuros ni ropajes. Una mole de arquitectura moderna ha hecho el trabajo.
Pobre Euterpe, nadie la deja ser libre.


